Cuando sonó el despertador esta mañana estuve muy cerca de apagarlo, seguir durmiendo y no ir a trabajar.
¿Había dormido poco? No.
¿Estaba cansado? No.
¿Me encontraba mal? No.
Simplemente tuve un profundo debate interno que me llevó a esa situación.
-¿Realmente tengo que levantarme?
-Es posible.
-¿No será sábado?
-Podría darse el caso.
-¿Y si no es?
-¡Bah!
Y, durante unos segundos, ahí me quedé con los ojos cerrados. Por suerte, recobré la cordura antes de que fuese demasiado tarde.
Advertisement
